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¿Cómo hacer un buen examen de Química?

Septiembre. Mes por excelencia de la vuelta al colegio, al instituto y a la Universidad. La sabiduría vuelve a nuestros cuerpos y mentes. Las ideas están acompañadas de todas y cada una de las longitudes de onda del espectro visible con motivo de la llegada en estas fechas de la estación otoñal. Tras haberse tomado unos días de necesario descanso, los lápices y gomas, los bolígrafos y papeles, los ordenadores y los libros están listos para servir a nuestras mejores funciones: pensar, plantear, reflexionar, solucionar, disfrutar… Nuestros conocimientos están a flor de piel en un ambiente embadurnado de sonrisas y ganas por aprender.

Como no podía ser de otra forma, moles de química se pone de nuevo a trabajar. Septiembre. ¡Qué bonito mes!

Pensar.

Plantear.

Reflexionar.

Solucionar.

Disfrutar.

Y…

¡Demostrar que has aprendido!

Demostrar que has aprendido es algo que hay que hacer siempre pero hay una serie de actividades a partir de este mes en las que este hecho se requiere con especial atención: vuelven las pruebas y los exámenes. Vuelven esos nervios que tantas veces te dejan helado pero que suelen acabar con sensación de satisfacción y mejora personal. Aspectos como la utilidad, forma y cantidad de exámenes pueden dar para hacer un post… o una trilogía. Por este motivo, hoy me detendré en otros aspectos también importantes: su preparación, abordaje, desarrollo y finalización. Creo que es necesario facilitar a los alumnos una serie de pautas para realizar una prueba o examen de una asignatura científica en general, Química en particular. En mi caso, son consejos fruto de mi formación como químico, de mi experiencia como alumno y profesor de clases particulares y de muchas conversaciones con otros profesores. ¡Y es que también hay que aprender a hacer exámenes! Por ello, en esta entrada dedico unas líneas de ayuda para los estudiantes. Tanto para obtener un suficiente como para sacar un sobresaliente hay que enfrentarse a estas pruebas. ¿Por qué no echar una mano?

Ideas, conocimientos, números, letras…

 Demostrar que has aprendido es el objetivo primordial. ¡Esfuérzate para conseguirlo!

El proceso comienza mucho antes del día señalado estando atento en clase, tomando apuntes y buscando información complementaria. Escucha las orientaciones de tu profesor. Observa qué es lo más importante y cómo se debe explicar. ¡Pregunta todo lo que no sepas!

Nunca te acuestes la noche anterior al examen con algo que no hayas entendido. Métete a la cama leyendo algo de la asignatura que te permita tener una noche apacible para dormir con la sensación de que lo tienes dominado. Duerme, lo que consideres necesario, pero duerme tanto si eres de trasnochar como de madrugar. El cansancio te puede jugar una mala pasada. Eso sí, es francamente difícil que lo que no hayas interiorizado sepas solucionarlo en mitad del examen. ¡Es muy difícil y requiere mucho tiempo! Como puedes observar, no es una noche para dormir 3 horas, pero tampoco 12.

⇒ Desayuna bien y llénate de energía. Es conveniente que lleves algo de almorzar para media mañana, tanto para antes de hacer la prueba como para cuando ya la hayas acabado.

 Cuando recibas el examen, tómate tu tiempo en leerlo completamente. Dominarás unas cosas más que otras. No te preocupes. Respira hondo. Descansa un par de minutos mirando a un punto lejano de la clase o a través de la ventana, lo justo para ordenar las ideas en tu cabeza. No es bueno comenzar a escribir con la euforia de comprobar que te sabes todos los ejercicios ni con el desánimo de ver que tienes dudas en alguno de los mismos. Mentalízate de que eres capaz de hacer mucho en el papel que tienes delante.

 Empieza por donde mejor te lo sabes. ¡Sin duda! Seguirás adelante con seguridad. No hay cosa que peor te pueda sentar que gastar tus energías en resolver lo más difícil sin conseguirlo para que suene la campana antes de poder haber redactado de manera correcta lo que conocías perfectamente.

 Una vez que empieces un ejercicio no te distraigas. Métete en el problema e intenta aplicar todas las estrategias que conoces para solucionarlo. Siéntete un científico en su propio laboratorio. Plásmalo en el papel.

 Nunca empieces un problema cuando te quede menos de 1/4 de folio. Un problema necesita anotar datos, realizar un planteamiento, resolver el problema y dar un resultado. Cambiar de hoja o pasar a escribir en la parte posterior de la misma está íntimamente relacionado con despistes, equivocaciones y con un mayor tiempo para realizar el problema.

 La Ciencia en general y la Química en particular no son sólo números. Las palabras y frases deben estar presentes en tus ejercicios para que permitan seguir el desarrollo de los problemas y las explicaciones. ¡Los científicos podemos y debemos escribir! De hecho, los artículos de investigación tienen más letras que números. No te preocupes, es más fácil de lo que parece. En muchas ocasiones, esto se reduce a escribir lo que vas pensando mientras realizas el examen. Si lo piensas, si lo sabes, ¿por qué no demostrarlo? Explica el porqué de hacer esa regla de tres, el porqué de elegir una resolución en concreto, el porqué de elegir una ecuación/ley y no otra… ¡Escribe la Ciencia!

 Cuida en todo momento la ortografía, presentación, redacción y rigor del documento que presentes. 

 Cuidado con las purezas superiores al 100 %, las diluciones que generan mayores concentraciones, los tiempos negativos, las reacciones exotérmicas con entalpías positivas, las reducciones en las que se pierden electrones y un largo etc. Todas esas “cosas imposibles” que se cuelan en un examen dan la amarga sensación de que no sabes lo que estás escribiendo ni comprendes los resultados que obtienes.

⇒ Sé claro y conciso. Contesta a lo que se te pregunta. Pero no peques tampoco en este aspecto. Es mejor demostrar que sabes más que menos de lo necesario. Eso sí, siempre intrínsecamente relacionado con lo que te preguntan.

 Nunca dejes algo en el tintero simplemente por dar por supuesto de que el profesor lo sabe. Una de las mejores formas de hacer un examen es realizarlo como si tú fueras el profesor: intenta que la persona a quien estés escribiendo comprenda, únicamente con tus explicaciones, todo lo que tú sabes.

⇒ ¿Contestar aunque no te lo sepas con total certeza? Sí. No contestar sabes lo que implica. ¿Por qué no tratas de poner en contacto los conocimientos obtenidos durante el proceso de aprendizaje y sacar la mejor opción que tengas disponible? Tal vez no llegues a la solución completa, ni siquiera al planteamiento general. Pero esfuérzate, demuéstralo y, al menos, dos líneas escritas con coherencia son mejor que ninguna.

⇒ Interpreta todos y cada uno de tus resultados principales obtenidos, aunque no venga explícitamente mencionado en la pregunta, cuestión o problema del examen. De la misma forma debes dar una conclusión al problema planteado. ¡Y acuérdate de las unidades! Los exámenes suelen ser relativos a lo que has aprendido en un pasado. No está de más dar alguna idea de cómo solucionarías tú mismo esos problemas con las herramientas que tienes a mano.

 Repasa siempre antes de entregar el examen. Hay dos formas para ello. Cuando repasas un problema que sabes o intuyes que está incorrecto suele ser más productivo empezarlo por el principio. Muchas veces tienes el fallo delante de tus ojos pero leyendo no consigues nada: hay que razonar, calcular y escribir. Por cierto, no está de más que conozcas bien tu calculadora antes de usarla. No es una broma: puede ser tanto tu mejor aliada como la peor de tus enemigas.

 ¿Mirar el cuaderno y los libros al finalizar el examen? Ya sabes lo que puede suponer: una alegría ilimitada o una tristeza profunda. Pero como tu objetivo principal es aprender te recomiendo que compruebes aquellas dudas que tienes cuando has salido por la puerta. Posiblemente, tanto si has contestado correctamente como si no, no se te olvidará. Y eso es lo que a ti, como persona, debe importar. 

 Acude a las revisiones de exámenes tanto si sacas un 1, un 5 o un 10. Siempre hay algo que aprender. Ver tu prueba unos días más tarde, tal vez con las ideas incluso más asentadas, te hacen ver el conjunto de otra manera: fíjate en las correcciones del profesor, en las anotaciones que te dice, en el porqué de tus errores y aciertos. Aprenderás mucho acerca de cómo se hace un examen.

Recuerda siempre que el profesor corrige el examen que tú haces y, de acuerdo a lo que en él está escrito, pone una nota. El tema de las notas es algo que daría para escribir otro post, tal vez una encuesta. De lo que no hay ninguna duda es de que así se encuentra implantado el sistema (aunque debería cambiarse progresivamente) por lo que hay que afrontarlo y superarlo de la mejor forma posible.

Estos son unos consejos que considero bastante importantes para la realización de un buen examen. Te deseo un curso lleno de éxitos que consigan llenarte de ideas y conocimientos aprendidos, comprendidos e interiorizados.

¡Feliz curso 2014/2015!

El formato de los exámenes es cada vez más variado, lo cual es enriquecedor. No sé si habrás realizado alguna prueba en la que puedas comentar cosas con tus compañeros, pero lo que sí que te puedo asegurar es que puedes participar activamente con los comentarios en este post.

¡Tu experiencia puede ayudar a muchos lectores!

Esta entrada participa en la Edición XXXIX del Carnaval de Química alojado en el blog ‘gominolasdepetróleo

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