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Agua se escribe con “h”

Rheinfall, Suiza

Cataratas del Rin (Rheinfall) – Suiza

El título lo dice claro. No me he vuelto loco. Tampoco se trata de una falta de ortografía. Escribe agua: a-g-u-a. Correcto. A mí me gusta más escribir H2O. Correcto también. Es lo mismo, pero dicho con otras palabras, más bien, con otras letras. Y en este último caso, H2O se escribe con “h”. Si buscas en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española la palabra H2O observarás que no muestra ningún resultado aunque, lógicamente, sí que aparece la palabra agua. Después de hacer deporte, mientras comemos o en un caluroso día veraniego, tenemos la costumbre de llevar hacia nuestros labios un vaso con un líquido inodoro, insípido e incoloro llamado agua. Al ingerirlo, realmente bebemos más de un billón de billones de moléculas con forma angular que poseen, a grandes rasgos, dos átomos de hidrógeno unidos por uno de oxígeno, H2O. Paradójicamente, al igual que hacemos los humanos, estas moléculas se ayudan unas a otras, estableciendo enérgicas fuerzas entre ellas consiguiendo que esta sustancia, a presión y temperatura ambiente, sea líquida. Este compuesto no posee olor ni sabor, sin embargo, seríamos incapaces de oler una flor o de saborear un alimento si nuestra nariz o nuestra lengua no estuviesen húmedas ya que para que estos sentidos puedan reconocer una sustancia ésta debe ser soluble en agua. Tan poca humedad basta en unos casos mientras que en otros las cantidades son desmesuradas: para generar un huevo de gallina se precisan 450 litros, producir los alimentos diarios de una familia de cuatro personas requiere 25 toneladas, fabricar un automóvil implica más de 148000 litros y, aunque parezca increíble, seguir de modo correcto las normas de tu médico significa poder llegar a beber a lo largo de tu vida más de 50000 litros de agua.

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Una persona se tiene que valer tanto de letras como de ciencias. Al igual que un número encierra detrás sí mismo toda una historia, una palabra también absorbe mucha ciencia. No te contentes con lo que todo el mundo sabe y conoce, agua. Enriquécete con el gusanillo de la curiosidad, aprende que agua se escribe correctamente con o sin “h”. Ciencias y letras nos proporcionan significados imprescindibles y complementarios.

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Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

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Química y corrupción

Si únicamente nos centramos en el dinero nos perderemos lo importante de la vida.

Cuando echamos un vistazo a la tabla periódica vemos rápidamente que existen dos tipos destacados de elementos: los metales y los no metales. Diariamente también hay dos tipos diferentes de personas: los ciudadanos dignos y los ciudadanos corruptos. Hagamos una serie de analogías: los metales serán los ciudadanos dignos y los no metales serán los ciudadanos corruptos. A su vez, el electrón representará el dinero.

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¿Podremos explicar la corrupción gracias a la química?

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Las uniones químicas entre los diferentes tipos de elementos permiten construir tres clases de enlaces: iónicos, covalentes y metálicos. El enlace iónico se produce entre metales y no metales, es decir, se trata de la relación existente entre ciudadanos dignos y ciudadanos corruptos. Se caracteriza porque el elemento no metálico, muy electronegativo, quiere adquirir electrones. ¿Cómo lo consigue? Quitando electrones a los elementos metálicos. En otras palabras, el ciudadano corrupto quiere conseguir mucho dinero y lo hace a costa de arrebatárselo a los ciudadanos dignos. ¡Qué vergüenza! El siguiente tipo es el enlace covalente. Tiene lugar entre elementos no metálicos y por lo tanto nos va a explicar la relación que mantienen los ciudadanos corruptos entre ellos. En este tipo de enlace, los electrones se comparten entre los elementos no metálicos. Los electrones se encuentran en ocasiones más cerca de uno de los átomos, otras veces más cerca del otro, bien sujetos siempre entre ambos. Tal y como está el dinero entre los ciudadanos corruptos: bien guardadito únicamente entre ellos. Finalmente tenemos el enlace metálico, es decir, el enlace que se produce entre ciudadanos dignos, la población en general. Se caracteriza porque los elementos metálicos ocupan un puesto definido y una nube de electrones se mueve entre ellos. Es exactamente igual a lo que les ocurre a los ciudadanos dignos: cada uno ocupa un puesto distinto y el dinero va rotando entre todos a costa de realizar un trabajo que le sirve a otro, pero nunca aprovechándose de los demás.
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¿Qué tipo de enlaces formas tú? ¿Iónicos, covalentes o metálicos? Nuestro deber es luchar contra el enlace covalente de los ciudadanos corruptos, procurar no caer nunca en el enlace iónico y fomentar el enlace metálico, enlace que produce la unión entre ciudadanos dignos.

Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

Esta es una historia imaginativa. En la realidad, todos los elementos químicos son necesarios. Y por supuesto, acuérdense de los gases nobles.

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