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C de “C H O N”

Minas de grafito para portaminas

El noventa y siete por ciento de nuestro cuerpo es “C H O N”. Las infinitas combinaciones de átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno nos permiten desplazarnos, pensar, estudiar, querer… Nuestro cuerpo es materia orgánica porque en nuestro organismo hay átomos de carbono. Y hoy os quiero hablar brevemente de este átomo, C, y de la trascendencia que lo rodea. De algunas de las diferentes formas en las que de momento, porque nunca está todo descubierto, se puede encontrar.

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Estará presente en tu anillo de compromiso. Eso sí, que no te den gato por liebre, o mejor dicho, grafito por diamante. Sólo en el segundo de los casos llegarás a la boda. Deja por tanto el grafito para la mina de tus lápices y escribe con él una bella poesía a tu pareja. Una vez la hayas entregado, coge una fina lámina del grafito de un único átomo de espesor y sepárala completamente del resto. Tendremos entonces un material que está siendo muy estudiado en la actualidad, principalmente por su dureza, ligereza, transparencia y conductividad: el grafeno. Si enrollas la lámina que habíamos creado de grafeno sobre sí misma, formando un pequeño conducto, tendrás en tu poder un nanotubo de carbono. Es un material muy largo y a la vez muy estrecho, que está siendo utilizado en celdas solares, transistores y memorias de la industria electrónica, piezas de automóviles, como agente de refuerzo de plásticos o en electroquímica. Pero el carbono da tanto para estudiar y trabajar como para divertirse. Existe una estructura altamente simétrica de átomos de carbono idéntica a la de un balón de fútbol: el C60 o Buckminsterfullereno, veinte hexágonos y doce pentágonos distribuidos directamente para disfrutar. ¡Si es que es como un juego de niños!

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Diamante, grafito, grafeno, nanotubos, fullerenos… Diferentes estructuras pero todas formadas únicamente por el mismo tipo de átomos: átomos de carbono. Diferentes formas de obtenerlos, diferentes precios y diferentes utilidades. Como nosotros mismos. Todos somos “C H O N”, pero cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre. Yo, por ejemplo, prefiero una preciosa carta de amor escrita a grafito antes que el más caro de los diamantes.

Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

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Agua se escribe con “h”

Rheinfall, Suiza

Cataratas del Rin (Rheinfall) – Suiza

El título lo dice claro. No me he vuelto loco. Tampoco se trata de una falta de ortografía. Escribe agua: a-g-u-a. Correcto. A mí me gusta más escribir H2O. Correcto también. Es lo mismo, pero dicho con otras palabras, más bien, con otras letras. Y en este último caso, H2O se escribe con “h”. Si buscas en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española la palabra H2O observarás que no muestra ningún resultado aunque, lógicamente, sí que aparece la palabra agua. Después de hacer deporte, mientras comemos o en un caluroso día veraniego, tenemos la costumbre de llevar hacia nuestros labios un vaso con un líquido inodoro, insípido e incoloro llamado agua. Al ingerirlo, realmente bebemos más de un billón de billones de moléculas con forma angular que poseen, a grandes rasgos, dos átomos de hidrógeno unidos por uno de oxígeno, H2O. Paradójicamente, al igual que hacemos los humanos, estas moléculas se ayudan unas a otras, estableciendo enérgicas fuerzas entre ellas consiguiendo que esta sustancia, a presión y temperatura ambiente, sea líquida. Este compuesto no posee olor ni sabor, sin embargo, seríamos incapaces de oler una flor o de saborear un alimento si nuestra nariz o nuestra lengua no estuviesen húmedas ya que para que estos sentidos puedan reconocer una sustancia ésta debe ser soluble en agua. Tan poca humedad basta en unos casos mientras que en otros las cantidades son desmesuradas: para generar un huevo de gallina se precisan 450 litros, producir los alimentos diarios de una familia de cuatro personas requiere 25 toneladas, fabricar un automóvil implica más de 148000 litros y, aunque parezca increíble, seguir de modo correcto las normas de tu médico significa poder llegar a beber a lo largo de tu vida más de 50000 litros de agua.

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Una persona se tiene que valer tanto de letras como de ciencias. Al igual que un número encierra detrás sí mismo toda una historia, una palabra también absorbe mucha ciencia. No te contentes con lo que todo el mundo sabe y conoce, agua. Enriquécete con el gusanillo de la curiosidad, aprende que agua se escribe correctamente con o sin “h”. Ciencias y letras nos proporcionan significados imprescindibles y complementarios.

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Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

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Química y corrupción

Si únicamente nos centramos en el dinero nos perderemos lo importante de la vida.

Cuando echamos un vistazo a la tabla periódica vemos rápidamente que existen dos tipos destacados de elementos: los metales y los no metales. Diariamente también hay dos tipos diferentes de personas: los ciudadanos dignos y los ciudadanos corruptos. Hagamos una serie de analogías: los metales serán los ciudadanos dignos y los no metales serán los ciudadanos corruptos. A su vez, el electrón representará el dinero.

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¿Podremos explicar la corrupción gracias a la química?

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Las uniones químicas entre los diferentes tipos de elementos permiten construir tres clases de enlaces: iónicos, covalentes y metálicos. El enlace iónico se produce entre metales y no metales, es decir, se trata de la relación existente entre ciudadanos dignos y ciudadanos corruptos. Se caracteriza porque el elemento no metálico, muy electronegativo, quiere adquirir electrones. ¿Cómo lo consigue? Quitando electrones a los elementos metálicos. En otras palabras, el ciudadano corrupto quiere conseguir mucho dinero y lo hace a costa de arrebatárselo a los ciudadanos dignos. ¡Qué vergüenza! El siguiente tipo es el enlace covalente. Tiene lugar entre elementos no metálicos y por lo tanto nos va a explicar la relación que mantienen los ciudadanos corruptos entre ellos. En este tipo de enlace, los electrones se comparten entre los elementos no metálicos. Los electrones se encuentran en ocasiones más cerca de uno de los átomos, otras veces más cerca del otro, bien sujetos siempre entre ambos. Tal y como está el dinero entre los ciudadanos corruptos: bien guardadito únicamente entre ellos. Finalmente tenemos el enlace metálico, es decir, el enlace que se produce entre ciudadanos dignos, la población en general. Se caracteriza porque los elementos metálicos ocupan un puesto definido y una nube de electrones se mueve entre ellos. Es exactamente igual a lo que les ocurre a los ciudadanos dignos: cada uno ocupa un puesto distinto y el dinero va rotando entre todos a costa de realizar un trabajo que le sirve a otro, pero nunca aprovechándose de los demás.
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¿Qué tipo de enlaces formas tú? ¿Iónicos, covalentes o metálicos? Nuestro deber es luchar contra el enlace covalente de los ciudadanos corruptos, procurar no caer nunca en el enlace iónico y fomentar el enlace metálico, enlace que produce la unión entre ciudadanos dignos.

Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

Esta es una historia imaginativa. En la realidad, todos los elementos químicos son necesarios. Y por supuesto, acuérdense de los gases nobles.

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Fronteras

“Física y química. Química y física. Españoles y extranjeros. Extranjeros y españoles. ¿Cuál es la diferencia? ¿Dónde está la frontera? ¿Acaso hemos olvidado lo emigrantes que hemos sido y estamos ahora mismo siendo en nuestro país? Parece mentira que seamos los humanos, con nuestra condición de seres racionales, los que pongamos fronteras a todo aquello que hacemos, cuando no lo hace la naturaleza por sí misma. Somos los humanos los que marcamos fronteras según el color de piel, el idioma, las costumbres, las culturas… Esto hace que cada uno viaje por su sendero. La tozudez implica que seamos capaces de viajar todos por caminos paralelos con el mismo objetivo, trabajando mucho más y con la imposibilidad de conseguir el bien común debido a la falta de uniones fuertes, potentes.

Observemos lo que hace la naturaleza que, aunque no lo creamos, es mucho más sabia que nosotros. Cuando mezclamos luminol y agua oxigenada en presencia de hierro observamos… ¡destellos azulados! Es decir, una reacción −que solemos clasificar como fenómeno químico− lleva asociada como resultado una radiación electromagnética, fenómeno atribuido a la física. Ambas materias están ligadas, física y química van de la mano. Nosotros las clasificamos dentro de una u otra rama de la ciencia pero la naturaleza no entiende de separaciones. Por mucho que nosotros digamos que una propiedad es física o un proceso es químico, la naturaleza sabe que no existe lo uno sin lo otro. Nosotros le damos distintos nombres, pero la naturaleza hace que ambos trabajen y den resultados conjuntamente. La química necesita de la física, la física de la química. Inherentemente van juntas, de la mano. ¿Tiene la culpa el protón de ser positivo y estar en el núcleo del átomo? ¿Es mejor el electrón, una partícula subatómica negativa, situada en la corteza atómica? ¡No! ¡Para nada! Son distintos pero igual de importantes y, sobre todo, complementarios e imprescindibles para la vida. Exactamente lo mismo sucede con las personas, independientemente de su raza, color y estilo de vida. Podemos entender más unas culturas y costumbres que otras, pero todas son igual de respetables. Eso es lo esencial, el respeto. Pensémoslo detenidamente. Realmente todos somos extranjeros, extranjeros del vientre de nuestra madre.”

 Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos” (El Mundo).

Todos diferentes. Cada uno con sus peculiaridades y naturaleza. Todos necesarios. 
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Chemistry Music Festival

Hoy, 22 de noviembre de 2013, es el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Así que…

¡Muchas felicidades a todos!

“Martin Kamen, joven promesa canadiense del violín, fue uno de los descubridores del isótopo radioactivo de carbono 14 utilizado actualmente para datar muestras orgánicas. Aleksandr Borodín, químico profesional y codescubridor de la reacción aldólica que permite unir átomos de carbono, es más recordado por su faceta de músico y compositor como miembro del famoso Grupo de los Cinco y un destacado dentro del movimiento romántico nacionalista ruso.

Pasando por alto la alquimia, no por su importancia sino por su mayor lejanía en el tiempo, observamos que a partir del siglo XIX comienzan a surgir diferentes versiones de la tabla periódica. En 1864, el químico inglés Newlands ordenó los elementos de siete en siete, como las notas musicales, asemejándose las propiedades cada ocho elementos. Por analogía, se denominó ley de las octavas. Aunque esta tabla periódica sufrió variaciones hasta llegar a la vigente, no cabe duda de que la relación entre química y música es estrecha. Mientras unos investigan acerca de átomos y moléculas que nos rodean, otros juegan con los sonidos haciéndonos desarrollar sentimientos. Sentimientos que no son sino impulsos nerviosos, rápidas descargas eléctricas en nuestro interior. Un movimiento de cationes, aniones y biomoléculas que hace que nuestras sensaciones sean unas u otras. ¿Te imaginas escuchar una canción de tu CD favorito y que a la vez ese CD sea un biosensor? Pues es posible uniendo en la capa polimérica del CD una serie de moléculas y nanopartículas las cuales dispersan y reflejan la luz proporcionando una señal óptica capaz de ser medida en el reproductor. No hace falta ir tan lejos para interpretar musicalmente la química: la flauta dulce que tocas en el colegio es de plástico o de madera, los platillos suelen ser de aleaciones de cobre con zinc (latón) o de cobre con estaño (bronce) y el típico triángulo será de acero, aleación de hierro y carbono.

Pero si en vez de tocar te gusta más escuchar, ponte el tema de Mecano “Aire”. Sigue con Tom Lehrer y alguna de sus parodias. Eso sí, no dudes culminar con “Meet the Elements”, canción del grupo They Might Be Giants. ¡Deseo que pases un buen día escuchando este Festival de la Música Química que te propongo!”

Publicado durante mi etapa como colaborador en “El Correo de Burgos”

A continuación os dejo una fotografía de mi tesorito. ¡Cuánto me ha acompañado a lo largo de mi vida! ¡Cuántas veces suenan sus teclas! ¡Cuántas melodías y acompañamientos crearán gracias a los hertzios de sus vibrantes cuerdas!

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